Algunos sabemos lo duro que es vender porque hemos pasado anteriormente por puestos de comercial, pero hay otros que no.
Además, pese a que hayamos pasado por ello, viene bien tener un pulso constante con el mercado y conocer de primera mano cuáles son las inquietudes del mercado.
No tiene sentido diseñar una acción tras otra y vivir viendo los resultados tal y como llegan a nosotros. Hay que bajarse a la calle. Entendemos que para diseñar grandes acciones hay que entender no sólo al cliente, también al comercial.
Realizar visitas a clientes o a lugares donde se produce la venta (hipermercados por ejemplo en gran consumo) nos ayuda a controlar los siguientes aspectos:
• Conocer de primera mano la reacción de los clientes
• Comprobar si los comerciales realizan aquello que se les solicita
• Detectar campos de mejora para próximas acciones de primera mano
• Revisar en el campo de batalla la idoneidad de la acción. Puede ser que sobre el papel tenga sentido y que carezca de él en el punto de venta.
Muchas veces no nos llega suficiente feedback sobre aquello que diseñamos, así que…
¡VAMOS A LA CALLE A COMPROBAR QUÉ PASA CON NUESTRAS IDEAS!
Es posible que el comercial se comporte de forma diferente cuando le acompañas una vez, pero si lo haces como costumbre, empezará a comportarse con naturalidad. No sólo hay que ir con él, hay que realizar visitas a los lugares de venta, como bares, para revisar que todas las acciones diseñadas para el punto de venta se implanten tal y como fueron concebidas.
Así, lo que pretendemos es no perder la realidad del mercado y sólo ver a los clientes a través de la ventana de la oficina.
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